Este pequeño relato lo comienzo así, como buscadora de Dios que me reconozco. ¿por qué entré en la vida religiosa? Porque me enamoré, me entusiasmé y quedé prendada de una Persona que tenía todo en sus manos, que era insondable, e imposible de abarcar para la mente humana, y que aún así se hacía cercano y me concedía una vida para ir conociéndole, para que Él se revelase en mi vida. ¿a quién no cautiva una promesa como esta?
“El Señor ha elegido a Sión ha deseado vivir en ella, esta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo”Sal 131. Y por si fuera poco, también me regaló “algo” maravilloso. “Algo” que te permite ver la vida con unos ojos especiales, con una mirada profunda, como el que puede sacar el máximo partido a cada cosa que ve, que admira, que hace…la Fe.
Una FE que es regalo y gratuito, que es un don que recibes inmerecidamente y que se te pide cuidar. Una Fe que te permite CONOCER, y por tanto AMAR, a Dios y a todos los que Él ama. En este conocer, se recorre un camino, tantas veces arduo, de purificación, para no ver con ojos mundanos, si no con ojos limpios, sencillos, puros…y se te regala la Gracia de aprender a detectar lo que es Dios y lo que no es Dios.
Maestro de vida para aprender esta mirada son Francisco y Clara de Asís, mis padres. Conocerles, pensar en ellos, hablar con ellos y buscar a Dios a través de sus ojos de Fe sigue siendo para mí un entusiasmo cotidiano, un enamoramiento de la Vida, de la Verdad, de la Bondad y de la Belleza. Ellos me ayudan a ver a Cristo, mi Esposo, como el más bello de los hijos de los hombres, inclusive, y todavía más en la Cruz y hecho Niño en Belén. Pobreza, sencillez, anonadamiento…y entrega y servicio a los que Dios pone a tu lado…a las primeras…a mis hermanas.
Así llego hasta ellas, siempre desde el Amor a Él y desde la mirada de Francisco y Clara a los hermanos…a los que compartimos un mismo Padre de las misericordias. Esto es…sencillamente…mi escenario y mis bastidores e cada día. Esta es la vida que elegí, porque me la enseñaron, porque he sido llamada a ella, porque mis hermanas me han enseñado a vivirlas. Desde las más ancianas, a las que he venerado desde que las conocí, hasta las más jóvenes con las que he compartido el aprendizaje de cómo andar este camino. Porque TODAS son mis hermanas, y sin ellas, yo simplemente no soy yo…sería otra cosa. Cuando te arrebatan tesoros del corazón, compañías bondadosas, sabidurías con “patas” y personas hechas experiencia de Dios, una sufre en lo más profundo del corazón un desgarro que no quiere llenar con otra cosa que no sean ellas mismas…ese vacío se quedará ahí, como señal de Amor y duelo…y como razón para la lucha, el avance, la fidelidad a la verdad. No hay mentira, calumnia, falsa acusación, y ataque a la integridad, que pueda hacerme dudar de lo que he vivido y de lo que vivo, con conciencia tranquila y corazón esperanzado, pero también con deseo de hacer honor a la Verdad.
Entré en el monasterio por una búsqueda que consideraba profunda…pero que no sabía hasta donde. Traía muchas cosas a esta bendita comunidad…buenas…y no tan buenas…conocimiento de una bella profesión, como es la rama del conocimiento sobre la salud, mi corta experiencia como farmacéutica, mi ilusión, mi carácter, mis tendencias, mis exigencias, mi ruido..mi… mi… mi… para ir dejando de ser solo yo y mis cosas a ser Suya y nuestra…para Él y para ellas. Me enseñaron cosas sobre Dios, pero lo más importante es que me mostraron a Dios hasta que Él se me mostró a mí. Su revelación personal y Su Iglesia, su donación a su Esposa, la Iglesia y sus interminables promesas de Cruz y Resurrección. La vida contemplativa te educa en eso, en CONTEMPLAR. Al acercarse a la belleza, uno aprende a distinguir la fealdad; al contemplar la Verdad, uno aprende a detectar la mentira; y al abrazarse a Quien es la Bondad, uno se hace sensible a la maldad. Hice cada paso que el camino de formación inicial para la vida religiosa te va marcando. No sé si bien o mal…eso es cuestión moral.
Pero fue un camino de crecimiento, un camino auténtico de libertad y de pobreza. Aprendí a amar a las hermanas, por lo menos en parte, a obedecer en una pequeña medida, a fiarme y abandonar mi vida en manos de Otro…pero solo de Uno. Me hice sensible a las cosas de Dios… empecé a amar lo que Él amaba y a interesarme por los asuntos de mi Padre, como Jesús dijo en el templo a los doce años. Estudiábamos, nos formábamos en las tres dimensiones de la persona y generábamos comunitariamente un modo y espíritu crítico para detectar los signos de los tiempos. No nos acomodábamos a lo establecido sin más, a los adoctrinamientos o al “siempre se ha hecho así”. Yo buscaba en cada cosa y decisión la huella de Dios, el rastro del Único Santo…para abrazarlo y seguirlo. Sin mirar a otro lado. Yo aposté jugándomelo todo…a su única moneda.
Y eso me hizo inquieta, no conformista, y muy observadora., pero sobre todo agradecida. Además desarrollé una capacidad de ver, contemplar, analizar, encomendar y guardar en el corazón. Pero también una capacidad de lucha y de denuncia de aquello que se alejaba de Dios, en mí misma y tanto en personas, como en situaciones, en la sociedad, en la política, en la educación…siempre me impliqué en las cosas del mundo, queriendo que éste no dejase de ser imagen y semejanza de Dios. “Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles” “a toda la tierra alcance tu pregón y hasta los límites del orbe tu lenguaje” “todo ser que alienta alabe al Señor”.
En este contacto y seguimiento con el mundo, paralelamente con la vida entregada a Dios y el contacto asiduo con Él, se fueron delineando algunos hechos, circunstancias, palabras…que me llevaban a escandalizarme primero, a entristecerme después. Siempre se ha dicho que la Iglesia la formamos pecadores, pero no podemos olvidar que en el Credo declaramos que creemos en una Santa Iglesia Católica… por su llamada a la santidad, su ser Esposa de Cristo, y santa por ser del Santo, no por mérito propio. Pero el pecado reiterado, la fealdad diseñada, planeada y calibrada, la infidelidad buscada y los intereses de que no se realice la obra de Dios y se quiera hacerle daño, hiriendo a sus hijos… esto NO. Para pactar con esto por buenismo y por no escandalizar a los pequeños, yo no he entregado mi vida, lo más precioso que Dios me ha dado para su alabanza. Para la Verdad sí. Por razones de conciencia y fidelidad a Cristo, yo no podía continuar formando parte de una institución por el mero hecho de que le pertenecíamos pasase lo que pasase. Y así fue como al descubrir ciertas verdades, por duras que fueran, se reafirmó en mí mi deseo de la búsqueda de la Verdad y el abrazo con Cristo entregando la vida, no de la manera que había pensado, no luchando en la línea de batalla que esperaba (siempre se ha dicho que las contemplativas son la retaguardia o el pararrayos), si no luchando en el fango, en el barro, escuchando y sufriendo el sonido e impacto de los misiles de los que habían sido tu familia.
Sientes que unas escamas se liberan de tus ojos, una venda se cae, y la situación de desnudez, de pérdida de apoyo humano y de cimiento firme, desaparece amargamente, porque los que eran tus amigos han decidido intentar que renuncies a tu conciencia, tus principios…tu fe..aquello tan maravilloso que en un principio recibí. Cuando te ves en la imposibilidad de negar a Dios y de negarte a ti mismo, y deseas vivir el mismo camino que comenzaste…te ves ante la amenaza de 12 años de cárcel, de destrucción de tu comunidad, de permitir que el mal venza sobre el bien…por acusaciones insólitas, que niegan la realidad de lo vivido, de lo compartido, de lo que te ha llevado a dar gracias a Dios. Mi vida fraterna, mi comunidad, mis hermanas, y todas delante de Dios, entregadas por la Iglesia de Cristo y con el deseo de unirnos a Él Pobre y crucificado…Es el regalo que Dios me ha dado y el compromiso que he adquirido para vivir esta corta vida en la tierra, camino de la vida Eterna.
A esto nos ha llevado el seguir diciendo que sí a Dios cada día. A que nos acusen de maltratarnos, de trato denigrante, de coacción… otras tantas cosas…entre nosotras…¿cómo se puede dar este salto, llegar a esta desviación, a este cambio de color..? creo que se llega viendo las cosas desde otra mirada… que no coincide con esa mirada limpia, pura, sincera, que da la fe y el contacto con Dios. ¿de dónde nace?…no del Dios de la Verdad…aunque en Su Nombre se comiencen muchas falsas batallas… que se quieran llegar hasta el final por pura lección de escarmiento.. Bendeciré a Dios eternamente por las maravillas que veo cada día en mí y en mis hermanas, porque ellas viven arraigadas en la fe y con un deseo de fidelidad profunda a Dios y a la Iglesia. Porque ellas me sostienen y me construyen cada día. Por todo esto yo puedo proclamar que Dios existe y que en el crisol nos forja como personas, como mujeres y como comunidad. Con palabras de nuestra madre Santa Clara concluyp: ¡GRACIAS PORQUE ME PENSASTE, PORQUE ME CREASTE, GRACIAS!
Sor María Sión de la Trinidad O.S.C