Entre los muros de un monasterio centenario, Sor Israel ha encontrado una forma de vida que, lejos de estar desconectada del presente, mantiene un diálogo constante con las inquietudes de las nuevas generaciones. Su historia habla de una búsqueda personal, pero también de una Iglesia que busca nuevas formas de acompañar y transmitir la fe. Para ella, la vocación no consiste en alejarse del mundo, sino en vivir desde la oración, la comunidad y el testimonio, incluso aprovechando herramientas tan contemporáneas como las redes sociales.
Para Sor Israel, la vocación religiosa está ligada a una búsqueda interior que también reconoce en las nuevas generaciones.
«Siempre estamos en búsqueda, porque mientras vivimos, buscamos», explica. Para ella, esa búsqueda encuentra su respuesta en Jesucristo y puede ser acompañada desde distintas realidades de la Iglesia.
Considera especialmente importante el testimonio personal. «En mi opinión, el lenguaje más elocuente para los jóvenes de hoy es el testimonio de vida», señala. «Al joven no le valen teorías, conceptos, ideas o lejanos ideales, sino experiencias reales, vivencias concretas que estén a la altura de sus anhelos más profundos».
Su propia historia representa esa idea. Una monjas que decidió apostar por una existencia marcada por la oración, la comunidad y la entrega a Dios.
«Una vida plena, dichosa, entregada a Dios, contagia, interpela y nunca deja indiferente», afirma.
Vivir con los demás
Su manera de entender la vida religiosa tampoco pasa por encerrarse en sí misma. Para Sor Israel, la misión de una monja consiste también en acompañar.
«Se trata de vivir con, abrazar y acompañar, más que predicar», sostiene. Una idea que relaciona con las palabras de San Francisco: «Predicad siempre, y cuando sea necesario usad también las palabras».
Esa concepción explica también su relación con las nuevas tecnologías. Durante la pandemia, las hermanas comenzaron a retransmitir las celebraciones a través de Instagram. El confinamiento abrió así una ventana hacia el exterior.
Las religiosas mayores, que estuvieron «confinadas dentro del propio confinamiento», pudieron participar de otra manera en esa experiencia. Las redes sociales permitieron que las celebraciones llegaran a personas que no podían acercarse al monasterio.
Para una comunidad contemplativa, aquel paso supuso una nueva forma de comunicación. Sor Israel representa esa confluencia entre dos mundos aparentemente opuestos: la tradición centenaria del monasterio y las herramientas tecnológicas de una sociedad conectada.
Preparar las misas diarias, participar en la oración comunitaria y compartir la vida con sus hermanas forman parte del día a día de Sor Israel.
En la iglesia señala también las capillas laterales, los retablos y las imágenes religiosas, entre ellas la Adoración de los Santos Reyes y San Antonio de Padua. También recuerda la conocida talla de la Virgen de Bretonera, cuya aparición en el torno del monasterio, después de que las hermanas abandonaran el recinto, despertó especial interés.
Pero más allá del patrimonio y de las historias del monasterio, el centro de su vida sigue siendo la vocación.
La figura de Sor Israel rompe algunos de los estereotipos asociados a la vida religiosa. Su juventud, su formación en ciberseguridad y su presencia en redes sociales muestran que la vocación contemplativa también puede formar parte de la vida de las nuevas generaciones.
Ella entiende que las personas de su edad continúan haciéndose preguntas fundamentales, aunque vivan en un contexto diferente al de otras épocas. Por eso insiste en la importancia del testimonio: no pretende convencer mediante grandes discursos, sino mostrar con su propia existencia una opción vital que considera plena.
Su historia es la de una mujer joven que decidió cambiar las pantallas y los códigos de la ciberseguridad por los tiempos de la oración, la comunidad y el silencio. Una elección que no interpreta como una huida del mundo, sino como otra manera de relacionarse con él.
Desde el coro de la iglesia de Santa Clara, detrás de una reja que separa el espacio de las religiosas del resto del templo, Sor Israel continúa viviendo su vocación. Y desde allí, entre la tradición de un monasterio centenario y las posibilidades de las nuevas tecnologías, trata de transmitir aquello que considera esencial: que detrás de las preguntas de cada generación permanece siempre una búsqueda.


