Una vida de servicio: el recorrido de Sor Isabel al frente de la comunidad de Belorado

Sor Isabel de la Trinidad, nacida como Laura García de Viedma en Burgos el 9 de diciembre de 1965, ha dedicado más de cuatro décadas a la vida contemplativa dentro de la Orden de Santa Clara. Su vocación comenzó muy joven y, con solo 18 años, ingresó en el monasterio de Santa Clara de Lerma, donde inició un largo camino de formación, trabajo y servicio.

Durante sus primeros años desempeñó numerosas responsabilidades dentro de la comunidad. Pasó por el obrador, la portería, la hospedería, la formación de las religiosas y otras tareas propias de la vida conventual. Paralelamente desarrolló una intensa faceta artística, realizando ilustraciones para publicaciones religiosas, colaborando en libros y creando obras artesanales que ayudaban al sostenimiento económico del monasterio.

En 1998 fue destinada al monasterio de Santa Clara de Belorado, donde participó activamente en su recuperación material y comunitaria. Allí asumió diferentes funciones y dirigió durante años importantes obras de rehabilitación, además de implicarse en la formación de las nuevas religiosas. En 2011 fue elegida abadesa, cargo desde el que pasó a coordinar tanto la vida espiritual como la administración de la comunidad.

Bajo su responsabilidad también impulsó proyectos en otros monasterios, como Derio y Orduña. Promovió iniciativas destinadas a garantizar la sostenibilidad económica mediante la mejora de las instalaciones, la creación de una hospedería, una tienda monástica, una huerta ecológica y la incorporación de sistemas de ahorro energético.

Quienes la conocen la describen como una religiosa de carácter firme, acostumbrada a asumir responsabilidades y afrontar situaciones complejas. Su estilo de gobierno se ha caracterizado por la organización, la perseverancia y una fuerte implicación en la vida cotidiana de las comunidades que ha dirigido.

En 2024, tras cuarenta años de vida religiosa, Sor Isabel y las monjas de Belorado protagonizaron una decisión que situó al monasterio en el centro del debate público al anunciar su desvinculación de la estructura eclesial surgida tras el Concilio Vaticano II. La comunidad explicó que esta determinación respondía a motivos de conciencia y a su deseo de permanecer fieles a la comprensión de la fe que profesan.

Desde entonces, la situación ha generado un amplio conflicto tanto en el ámbito eclesiástico como en el civil. Mientras unos valoran su firmeza y coherencia con sus convicciones, otros cuestionan su postura y las consecuencias derivadas de ella.

Más allá de la controversia, la trayectoria de Sor Isabel refleja una vida dedicada a la clausura, la gestión de comunidades religiosas, la conservación del patrimonio monástico y el trabajo constante por mantener la actividad y el futuro de los monasterios que ha servido durante más de cuarenta años.