El testimonio de Sor Belén

Desde muy pequeña pude reconocer la presencia de Dios en mí. Así fueron pasando  los años y poco a poco descubrí que sólo Cristo saciaba mi sed de infinito, de un AMOR que no acaba.

Por eso entré en el Monasterio, para seguirle a Él junto con mis hermanas, como Clarisa, descubrir su Voluntad para nosotras, y seguirla como un solo cuerpo.

Desde el año 1999, el 12 de septiembre, he vivido en clausura, en el Monasterio, una vida de oración y trabajo junto con ms hermanas, que han sido siempre luz, ejemplo y apoyo para mí. Me han ayudado muchas veces a seguir a Cristo como yo buscaba al abrazar esta vida.

Ya desde la pandemia empecé a ver cosas en la Iglesia que me parecían extrañas, que no “cuadraban” con la fe que había profesado. Por poner un ejemplo, el hecho de que las iglesias estaban cerradas y la gente no tenía acceso a los sacramentos, cuando tantos santos han muerto por contagiarse de enfermedades en epidemias; siempre eran los últimos en abandonar, acompañando a todos.

Toda esta  inquietud iba aumentando también respecto a la fe católica cuando oía cosas como que Cristo no resucitó verdaderamente, sino que fue una experiencia espiritual de los apóstoles. O que todos los caminos llevan a Dios, o sea que da igual ser musulmán, católico o budista… ¡NO! Cristo dijo que él es la VERDAD, el CAMINO y la VIDA.

Cosas muy sencillas pero que abrían una pregunta cada vez más urgente: ¿Qué está pasando?

Cuando en el año 2024 tuvimos la oportunidad de confrontar la doctrina católica de siglos con lo que ahora ocurría bajo la doctrina del Concilio Vaticano II, me di cuenta de que en realidad estaba viviendo en la herejía, en una gran MENTIRA. Verlo escrito fue una evidencia para mí; entonces no lo podía negar. En mi caso este fue, sin ninguna duda, el punto de inflexión.

Gracias a Dios, y ésta es mi gran alegría, todas estamos de acuerdo en esto; cada una siguiendo su camino fue llegando a la misma conclusión, y esto nos permite seguir adelante.

Por este motivo, y no por otros, tengo la certeza de que ahora me veo acusada de múltiples delitos y envuelta en un proceso penal que conlleva cárcel y ruina económica. Todo esto sucede nada más que por seguir a mi CONCIENCIA que me dice que ésta es la FE que ha creído siempre la Iglesia Católica, y que así cumplo con fidelidad lo que un día prometí.