Siempre estamos en búsqueda, porque mientras vivimos, buscamos

Entre los muros de un monasterio centenario, Sor Israel ha encontrado una forma de vida que, lejos de estar desconectada del presente, mantiene un diálogo constante con las inquietudes de las nuevas generaciones. Su historia habla de una búsqueda personal, pero también de una Iglesia que busca nuevas formas de acompañar y transmitir la fe. Para ella, la vocación no consiste en alejarse del mundo, sino en vivir desde la oración, la comunidad y el testimonio, incluso aprovechando herramientas tan contemporáneas como las redes sociales.

Para Sor Israel, la vocación religiosa está ligada a una búsqueda interior que también reconoce en las nuevas generaciones.

«Siempre estamos en búsqueda, porque mientras vivimos, buscamos», explica. Para ella, esa búsqueda encuentra su respuesta en Jesucristo y puede ser acompañada desde distintas realidades de la Iglesia.

Considera especialmente importante el testimonio personal. «En mi opinión, el lenguaje más elocuente para los jóvenes de hoy es el testimonio de vida», señala. «Al joven no le valen teorías, conceptos, ideas o lejanos ideales, sino experiencias reales, vivencias concretas que estén a la altura de sus anhelos más profundos».

Su propia historia representa esa idea. Una monjas que decidió apostar por una existencia marcada por la oración, la comunidad y la entrega a Dios.

«Una vida plena, dichosa, entregada a Dios, contagia, interpela y nunca deja indiferente», afirma.

Vivir con los demás

Su manera de entender la vida religiosa tampoco pasa por encerrarse en sí misma. Para Sor Israel, la misión de una monja consiste también en acompañar.

«Se trata de vivir con, abrazar y acompañar, más que predicar», sostiene. Una idea que relaciona con las palabras de San Francisco: «Predicad siempre, y cuando sea necesario usad también las palabras».

Esa concepción explica también su relación con las nuevas tecnologías. Durante la pandemia, las hermanas comenzaron a retransmitir las celebraciones a través de Instagram. El confinamiento abrió así una ventana hacia el exterior.

Las religiosas mayores, que estuvieron «confinadas dentro del propio confinamiento», pudieron participar de otra manera en esa experiencia. Las redes sociales permitieron que las celebraciones llegaran a personas que no podían acercarse al monasterio.

Para una comunidad contemplativa, aquel paso supuso una nueva forma de comunicación. Sor Israel representa esa confluencia entre dos mundos aparentemente opuestos: la tradición centenaria del monasterio y las herramientas tecnológicas de una sociedad conectada.

Preparar las misas diarias, participar en la oración comunitaria y compartir la vida con sus hermanas forman parte del día a día de Sor Israel.

En la iglesia señala también las capillas laterales, los retablos y las imágenes religiosas, entre ellas la Adoración de los Santos Reyes y San Antonio de Padua. También recuerda la conocida talla de la Virgen de Bretonera, cuya aparición en el torno del monasterio, después de que las hermanas abandonaran el recinto, despertó especial interés.

Pero más allá del patrimonio y de las historias del monasterio, el centro de su vida sigue siendo la vocación.

La figura de Sor Israel rompe algunos de los estereotipos asociados a la vida religiosa. Su juventud, su formación en ciberseguridad y su presencia en redes sociales muestran que la vocación contemplativa también puede formar parte de la vida de las nuevas generaciones.

Ella entiende que las personas de su edad continúan haciéndose preguntas fundamentales, aunque vivan en un contexto diferente al de otras épocas. Por eso insiste en la importancia del testimonio: no pretende convencer mediante grandes discursos, sino mostrar con su propia existencia una opción vital que considera plena.

Su historia es la de una mujer joven que decidió cambiar las pantallas y los códigos de la ciberseguridad por los tiempos de la oración, la comunidad y el silencio. Una elección que no interpreta como una huida del mundo, sino como otra manera de relacionarse con él.

Desde el coro de la iglesia de Santa Clara, detrás de una reja que separa el espacio de las religiosas del resto del templo, Sor Israel continúa viviendo su vocación. Y desde allí, entre la tradición de un monasterio centenario y las posibilidades de las nuevas tecnologías, trata de transmitir aquello que considera esencial: que detrás de las preguntas de cada generación permanece siempre una búsqueda.

#noalacárcelparalasmonjas

Las monjas de Belorado viven uno de los momentos más difíciles de su historia. Tras perder su convento, se enfrentan ahora a una petición de doce años de prisión en el marco de un conflicto que ha traspasado los límites de lo ético y lo humano.

Siete monjas carismáticas, creativas y entregadas a su fe iniciaron un acto de rebeldía y, después de dedicar toda su vida a la oración y al silencio, podrían acabar entre los muros de una prisión. Las monjas de Belorado defienden con firmeza su inocencia y sostienen que no cometieron los hechos que se les atribuyen.

Para ellas, este proceso va más allá de lo jurídico. Consideran que se pretende desmantelar definitivamente su comunidad y castigar su decisión de actuar conforme a su conciencia. No piden privilegios, sino ser juzgadas con imparcialidad, que se escuchen todas las versiones y que la opinión pública no dicte una condena antes que lo hagan los tribunales.

Por ello, iniciamos esta recogida de firmas para pedir que la Justicia examine este caso con proporcionalidad, que las monjas reciban un trato justo y que la opinión pública apoye el respeto a la presunción de inocencia, evitando que sean condenadas socialmente antes de que exista una resolución judicial firme. La firma es totalmente gratuita.

https://www.change.org/p/no-a-la-c%C3%A1rcel-para-las-monjas-de-belorado

Las religiosas expresan su desacuerdo por la apertura de un juicio oral

Ante las informaciones relativas al procedimiento judicial que nos afecta y conforme a la información trasladada por nuestra representación legal, la Fiscalía y la acusación particular han solicitado una pena de doce años de prisión para cada una de las monjas de Belorado. Ante esta petición, queremos expresar públicamente nuestro desacuerdo:

Asimismo, queremos reiterar que seguimos considerándonos plenamente inocentes de las graves acusaciones que se nos atribuyen en relación con nuestras queridas hermanas mayores. Afrontamos este procedimiento con la serenidad de quien sabe que no ha cometido los hechos que se le imputan y con la esperanza de que la verdad pueda quedar plenamente acreditada.

Lejos de encontrar comprensión, sentimos que la presión sobre nuestra comunidad no ha dejado de aumentar, asemejándose más bien a una caza de brujas como en la antigua inquisición. Vivimos este proceso con enorme tristeza y con la convicción de que se pretende quebrar nuestra comunidad y destruir nuestro proyecto de vida. Sin embargo, queremos dejar claro que no renunciaremos a aquello en lo que creemos. Seguiremos adelante con la misma determinación que nos ha acompañado hasta ahora.

Algunos nos consideran monjas rebeldes. Nosotras preferimos definirnos como mujeres de fe, conscientes de nuestras decisiones y dispuestas a asumir las consecuencias de actuar conforme a nuestra conciencia. Nuestra fortaleza nace de la fe, de la oración y de la esperanza.

Desde nuestra perspectiva, todo lo que estamos viviendo supone una persecución y un castigo por haber desafiado a la autoridad eclesiástica y haber seguido el camino que, en conciencia, entendimos que debíamos recorrer. Esa es nuestra vivencia y así queremos expresarla públicamente.

A pesar del sufrimiento, no responderemos con odio ni con resentimiento. Continuaremos defendiendo nuestra dignidad, nuestra libertad de conciencia y nuestra vocación, confiando en que la verdad prevalecerá.

Pedimos respeto para nuestra comunidad, para nuestra libertad de conciencia y para el derecho de la sociedad a conocer todas las circunstancias de este caso antes de emitir un juicio definitivo.

Firmado: Monjas Clarisas de Belorado

Entrevista a Sor Belén: «Solo Cristo saciaba mi sed de infinito»

Sor Belén es una de las hermanas del monasterio y la encargada de poner música al silencio que habita entre sus muros. Gallega, tranquila, amable y discreta, encontró en la vida contemplativa el lugar desde el que seguir entregando su vocación musical: antes de ingresar en el convento estudió Magisterio Musical y hoy hace hablar al órgano conventual, llenando la iglesia de melodías serenas que acompañan la liturgia y la oración de sus hermanas. En ella conviven el talento artístico y una profunda vida de fe, una serenidad que se percibe desde el primer encuentro y que revela a una mujer que ha encontrado en Cristo el centro de su existencia

Desde muy pequeña pude reconocer la presencia de Dios en mí. Así fueron pasando los años y poco a poco descubrí que sólo Cristo saciaba mi sed de infinito, de un amor que no acaba.

¿Fue esa certeza la que la llevó a ingresar en la vida contemplativa?

Sí. Entré en el monasterio para seguirle a Él junto con mis hermanas, como clarisa, descubrir su voluntad para nosotras y seguirla como un solo cuerpo.

Lleva muchos años viviendo en clausura. ¿Cómo ha sido ese camino?

Desde el 12 de septiembre de 1999 he vivido en clausura, en el monasterio. Ha sido una vida de oración y trabajo junto con mis hermanas. Siempre han sido luz, ejemplo y apoyo para mí. Muchas veces me ayudaron a seguir a Cristo como yo buscaba hacerlo al abrazar esta vida.

Sin embargo, en un momento determinado comenzaron a surgir dudas.

Sí. Ya desde la pandemia empecé a ver cosas en la Iglesia que me parecían extrañas, que no cuadraban con la fe que había profesado.

¿Qué hechos despertaron esa inquietud?

Por ejemplo, que las iglesias estuvieran cerradas y la gente no tuviera acceso a los sacramentos. Pensaba en tantos santos que murieron por contagiarse durante epidemias porque permanecían acompañando a todos. Siempre eran los últimos en abandonar.

¿Aquello fue el inicio de un cuestionamiento más profundo?

Sí. La inquietud fue creciendo cuando oía decir que Cristo no resucitó verdaderamente, sino que la resurrección fue una experiencia espiritual de los apóstoles. O que todos los caminos llevan a Dios, que da igual ser musulmán, católico o budista.

¿Cómo reaccionó ante esas afirmaciones?

Para mí la respuesta era clara. No. Cristo dijo que Él es la Verdad, el Camino y la Vida.

¿Qué se preguntaba entonces?

Era una pregunta muy sencilla, pero cada vez más urgente: «¿Qué está pasando?»

Usted sitúa un momento decisivo en el año 2024.

Así es. Tuvimos la oportunidad de confrontar la doctrina católica de siglos con lo que ahora ocurría bajo la doctrina del Concilio Vaticano II.

¿Qué descubrió en esa confrontación?

Me di cuenta de que, en realidad, estaba viviendo en la herejía, en una gran mentira. Verlo escrito fue una evidencia para mí. Ya no podía negarlo. Sin ninguna duda, ese fue el punto de inflexión.

¿Cómo vivieron ese proceso las demás hermanas?

Gracias a Dios, esa es mi gran alegría. Todas estamos de acuerdo en esto. Cada una, siguiendo su camino, fue llegando a la misma conclusión, y eso nos permite seguir adelante.

Hoy se encuentra inmersa en un proceso penal. ¿Cómo interpreta esa situación?

Tengo la certeza de que ahora me veo acusada de múltiples delitos y envuelta en un proceso penal que conlleva cárcel y ruina económica.

¿A qué atribuye esa situación?

Nada más que por seguir a mi conciencia. Mi conciencia me dice que ésta es la fe que ha creído siempre la Iglesia Católica y que así cumplo con fidelidad lo que un día prometí.

Después de todo lo vivido, ¿qué permanece inalterable en usted?

La certeza de seguir a Cristo y de permanecer fiel a la fe que he creído y prometido vivir.

Sor Berit: «Cuando una persona dice la verdad, trasciende»

Roser Mas Selles

Entrevista a Sor Berit, una de las monjas clarisas de Belorado

Sor Berit, una de las religiosas clarisas de Belorado, habla en esta entrevista sobre la decisión de las monjas de hacer pública su postura y sobre las reacciones que su posición ha generado dentro y fuera de su entorno. Con un discurso firme, defiende que dar un paso al frente y decir lo que consideran la verdad no debe interpretarse como un escándalo, sino como un acto de coherencia con sus convicciones. Sor Berit asegura que, pese a las personas que se han alejado de ellas, también han recibido muestras de apoyo procedentes de distintos países y afirma que su testimonio se ha convertido en un referente para quienes comparten sus inquietudes. «Cuando una persona dice la verdad, trasciende», sostiene la religiosa.

—Sor Berit, ¿cómo están viviendo las monjas de Belorado todo lo ocurrido y las reacciones que ha provocado su postura?

—Nosotras lo estamos viviendo desde la convicción de que hemos hecho lo que teníamos que hacer. No creemos que sea ningún escándalo que hayamos dicho la verdad. Al contrario, pensamos que era necesario dar un paso al frente y explicar aquello en lo que creemos. Cuando una persona dice la verdad, esa verdad trasciende y llega mucho más lejos de lo que uno puede imaginar.

—¿Han sentido que les ha faltado voz dentro de la Iglesia?

—Creemos que, si los obispos no hablan, tendrán que hablar los fieles. No podemos quedarnos calladas cuando consideramos que hay cuestiones importantes que deben ser conocidas y debatidas. Nuestro propósito no ha sido generar un escándalo, sino expresar públicamente nuestras convicciones y defender aquello que consideramos verdadero.

—Su postura también ha generado apoyos fuera de su entorno más cercano. ¿Cómo están viviendo esas muestras de solidaridad?

—Sí, y es algo que nos ha sorprendido y que agradecemos muchísimo. Nos están llamando de distintos países del mundo para darnos ánimos. Recibimos mensajes de personas que ni siquiera conocemos y que quieren transmitirnos su apoyo. Eso nos demuestra que lo que estamos viviendo aquí no se queda únicamente en Belorado, sino que ha llegado a muchas personas.

—¿Ha cambiado su entorno desde que decidieron dar este paso?

—Ha habido de todo. Es verdad que muchas personas de nuestro entorno se han retirado y han tomado distancia, pero también hemos visto cómo otras se han aproximado. Hay personas que se han acercado precisamente porque valoran que hayamos dado la cara y hayamos hablado con claridad. Para las monjas eso tiene mucho significado.

—¿Sienten entonces que cuentan con un respaldo importante?

—Sí. Hay mucha gente en distintas partes del mundo que nos apoya. Nos llegan muestras de cariño y de solidaridad constantemente, y eso nos da fuerza para continuar. Nosotras publicamos un manifiesto católico porque sentíamos que teníamos que expresar aquello que llevábamos dentro y dejar constancia de nuestra posición.

—¿Qué significado tiene para ustedes comprobar que ese manifiesto ha tenido repercusión?

—Significa que muchas personas estaban esperando que alguien hablara. Hoy hay mucha gente que nos agradece haber dado la cara. Quizá una persona piense que su voz no va a llegar a ninguna parte, pero cuando habla desde la verdad, el mensaje puede alcanzar a muchísima gente.

—¿Cómo definiría el papel que están desempeñando ahora las monjas de Belorado?

—Las religiosas no buscamos protagonismo. Simplemente hemos intentado ser fieles a lo que pensamos y a aquello en lo que creemos. Pero, si nuestra actitud está sirviendo para que otras personas reflexionen o encuentren una luz en medio de esta situación, lo agradecemos profundamente. De alguna manera, sentimos que nos hemos convertido en un faro para muchas personas.

—¿Y qué les diría a quienes siguen apoyándolas desde otros lugares?

—Que estamos muy agradecidas. Sentir que hay personas que nos acompañan, que rezan por nosotras y que nos animan desde tantos lugares del mundo es algo que no olvidamos. Nos demuestra que, cuando uno decide decir la verdad y dar la cara, esa decisión puede trascender mucho más allá de lo que inicialmente imaginaba.

25 años de un sueño cumplido: la aventura de entregarse a Dios

Éste próximo día 10 de agosto tendré la dicha de cumplir 25 años de entrada en el monasterio. Años maravillosos de bendición que han conformado mi vida, mis ilusiones, y que han consolidado mi fe, mi esperanza, mi amor, mi ser mujer. Que han acrisolado mi unión con Cristo, mi relación esponsal.

Aquella niña que se sentía llamada a pertenecer por completo a Dios, que se pegaba como por inercia a todo lo que le evocara a su Dios, que buscaba desde lo más profundo algo que no terminaba de encontrar en la vida que cada día se le ofrecía, no comprendía, hasta que… Leyó la vida de san Francisco y Santa Clara y quedó totalmente cautivada. ¡Existe! Pensaba. ¡Lo que desea mi corazón existe!. Y lo tengo al alcance de mi mano con tal de que diga que sí y me entregue. Pero ¿Dónde? Cómo saber

Lo que desea mi corazón existe!. Y lo tengo al alcance de mi mano con tal de que diga que sí y me entregue

Pasaba el tiempo, metida en la parroquia con toda la ilusión y la sed de una joven que ya había hecho una opción de vida y que sólo le quedaba esperar a que sucediera. Mientras tanto, crecer en madurez, en fe, en conocimientos… Supe que había llegado el momento cuando conocí a mis Hermanas de Belorado. Un monasterio recién impulsado por la venida de M. Pureza, sor Getsemaní y sor Isabel. Un monasterio que había estado 40 años sin recibir vocaciones, y que las ayudas puntuales que en alguna ocasión ofrecieron las hermanas de la federación habían sido infructuosas. ¡Había tanto que hacer allí!. Asustaba. ¿Quién estaba dispuesto a “complicarse la vida” tanto, como para ofrecer semejante ayuda? Pero estas tres hermanas consiguieron hacer de mediación en el salto cultural y generacional entre aquellas 9 hermanas mayores y unas jóvenes que comenzaron a pedir entrar. Con sus propias manos, siendo ellas mismas albañiles al principio, comenzaron su obra. Obra que Dios bendijo de mil maneras. ¡40 años! Y la M. Trinidad había comprado los baños del noviciado, esperando con la fe que ella tenía las vocaciones que no venían.

Yo había empezado matemáticas cuando conocí a las hermanas, llevaba 4 años. Pero la verdad es que no me salían las cuentas. Ya había encontrado mi sitio. ¿Para qué esperar?. Si en clase veía todos los días cómo continuamente “x tiende a infinito”, ¿por qué yo no? Mi Dios infinito me atraía enormemente. Sus promesas eran mi deseo más profundo

Lc 12, 22-34

22 Y dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: No os inquietéis por la vida, qué vais a comer; ni por el cuerpo, con qué os vais a vestir,

23 pues la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido.

24 Fijaos en los cuervos: ni siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta; ¡cuánto más valéis vosotros que los pájaros!

25 ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

26 Por tanto, si no podéis lo más pequeño, ¿por qué inquietaros por lo demás?

27 Fijaos cómo crecen los lirios, no se fatigan ni hilan; pues os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos.

28 Pues si Dios viste así a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!

29 Y vosotros no andéis buscando qué vais a comer o qué vais a beber, ni estéis preocupados.

30 La gente del mundo se afana por todas esas cosas, pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ellas.

31 Buscad más bien su reino, y lo demás se os dará por añadidura.

32 No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

33 Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.

34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Así que, con ilusión, y con el vértigo que da el tomar una decisión tan grave fui a hacer una experiencia con ellas, como tienen costumbre, e hice la vida de ellas durante 21 días. Desde el principio me sentí como en casa, serena, con una paz muy grande, y se creó un fuerte vínculo con ellas y con aquella casa tan querida. Cuando salí de allí tanto ellas como yo y mi director espiritual habíamos visto claro el ingreso. Y ese día no tardó. Pasadas 5 semanas, el día 10 de agosto del 2001, víspera de la Solemnidad de Nuestra Madre Santa Clara inicié por la misericordia de Dios esta forma de vida por la cual doy gracias a Dios como nos enseñó de palabra y con su vida nuestra Madre Santa Clara:

Desde el principio me sentí como en casa, serena, con una paz muy grande

“Entre otros beneficios que hemos recibido y seguimos recibiendo de nuestro espléndido Benefactor, el Padre de las misericordias, y por los cuales estamos más obligadas a rendir gracias al mismo glorioso Padre de Cristo, se encuentra el de nuestra vocación; y cuanto más perfecta y mayor es ésta, tanto más es lo que a Él le debemos”. (Testamento de santa Clara, 1-4)

Tiempos de prueba y dificultades

Las Monjas de Belorado desean informar a los fieles, amigos y a todas las personas que siguen con interés su realidad de que, durante este mes de agosto, continúan desarrollando con normalidad su vida de oración, celebración litúrgica y trabajo cotidiano.

La celebración de la Santa Misa, el rezo de la Liturgia de las Horas y los demás actos propios de la vocación contemplativa constituyen el centro de su vida y la fuente de su fortaleza espiritual.

Los últimos meses han supuesto para la comunidad un tiempo de especial prueba. Las religiosas viven una situación de profundo sufrimiento debido a la presión derivada de los numerosos procedimientos judiciales en curso y de las graves consecuencias personales que estos pueden acarrear, incluida una eventual privación de libertad. Esta realidad ha generado una importante carga emocional y espiritual para toda la comunidad, que continúa afrontándola con serenidad, oración y fortaleza.

A pesar de estas dificultades y de la atención pública suscitada en torno a la comunidad, las religiosas permanecen firmes en su conciencia, convencidas de la rectitud de su fe y de la autenticidad del camino que han decidido recorrer. Esta convicción nace de una profunda reflexión, realizada en la oración y asumida con plena responsabilidad ante Dios.

Su propósito sigue siendo vivir con fidelidad a Dios, preservando la paz, la caridad y el espíritu de servicio que siempre han caracterizado la vida monástica.

La comunidad continúa encomendando en sus oraciones a la Santa Iglesia Católica, así como a todas las personas que la acompañan con su cercanía y a quienes, desde posiciones diferentes, la observan o la interpelan

Las monjas agradecen las numerosas muestras de afecto, apoyo y respeto que siguen recibiendo de personas de distintos lugares y países. Afrontan este tiempo con esperanza y confianza en la Providencia de Dios, reafirmando su compromiso de perseverar en la celebración de la liturgia y en la vivencia plena de su vocación. Ninguna dificultad, por dolorosa que sea, las apartará de su misión de oración ni de la fidelidad a los principios que profesan en conciencia.

Campaña de recogida de firmas, Salvemos a las Monjas

La opinión pública se ha volcado con las monjas del convento de Belorado. Cada vez son más quienes muestran su apoyo y solidaridad, conscientes de la injusticia que enfrentan. Con esta recogida de firmas, las religiosas demostrarán que no están solas: la sociedad está a su lado, respaldando siglos de fe, dedicación y servicio comunitario.

Un ejemplo de audacia y resiliencia

Las monjas del convento de Belorado se enfrentan a un desahucio que amenaza su hogar. Estas religiosas, dedicadas a la oración y vida comunitaria, han servido con amor y entrega durante casi 700 años. Hoy, podrían perder el lugar donde han vivido y trabajado durante generaciones.

El convento de Belorado no es solo un edificio: es un símbolo de fe, tradición y servicio. Sus muros han acogido a innumerables religiosas que han dedicado su vida a la espiritualidad y a ayudar a los demás.

¿Podemos permitir que sean despojadas de su hogar? Es fundamental que se respeten sus derechos y que se encuentre una solución justa que les permita seguir viviendo en el convento que han cuidado con tanto esfuerzo.

Cada firma cuenta. Súmate a esta petición y ayuda a que las monjas de Belorado puedan permanecer en su convento. No dejemos que la historia, la fe y la dedicación sean ignoradas.

Firma y comparte esta iniciativa. ¡Juntas y juntos podemos marcar la diferencia!

La campaña, impulsada por Francisco Canals, periodista y jefe de prensa de las monjas, se extenderá durante seis meses. En sus primeras 48 horas ya ha conseguido 400 firmas, y se espera que siga creciendo gracias a la colaboración de los medios y la difusión en distintas plataformas a través de Change.org

https://c.org/hhztsGJwsr

Apadrina un árbol en el convento de Orduña

Las Hermanas Clarisas del Monasterio de Belorado han puesto en marcha una campaña tan simbólica como necesaria: el apadrinamiento de árboles bajo el lema “UN ÁRBOL PARA QUEDARSE”. La iniciativa, que se desarrollará en el Monasterio de Orduña, nace con un doble propósito: ofrecer un respaldo económico directo a la comunidad religiosa y reforzar el arraigo espiritual y humano que representan.

En un momento especialmente delicado, marcado por dificultades económicas, juicios y el riesgo de desahucio, las monjas apuestan por una propuesta que hunde sus raíces en la tierra y eleva su mirada hacia la esperanza. Cada pequeño acebo plantado simboliza no solo la continuidad de una historia monástica centenaria, sino también la resistencia serena de unas mujeres que han decidido permanecer fieles a su vocación pese a la adversidad.

Un gesto que echa raíces

La campaña invita a fieles, amigos y cualquier persona sensible a su causa a convertirse en padrinos de un árbol. Con una aportación de 50 euros, cada colaborador hará posible la plantación desde cero, así como su cuidado, riego y poda. El árbol llevará el nombre del padrino y, cada seis meses, este recibirá una fotografía o vídeo que muestre su crecimiento.

Más que una ayuda puntual, se trata de un vínculo vivo. “Cada árbol es un acto de fe. Cada raíz que crece es una promesa: aquí seguiremos y aquí floreceremos”, señalan desde la comunidad. El proyecto busca cubrir gastos básicos y facturas esenciales, proporcionando un respiro en medio de la presión económica que afrontan.

Enraizar para permanecer

La iniciativa no solo tiene un componente solidario, sino también ecológico y espiritual. Plantar un árbol es apostar por la vida, por el cuidado del entorno natural y por la permanencia de un legado que forma parte de la historia religiosa y cultural de la región.

Las Clarisas subrayan que serán ellas mismas quienes planten y cuiden cada acebo, con la dedicación y delicadeza que caracteriza su día a día entre la oración y el trabajo. De este modo, el padrino no solo contribuye económicamente, sino que pasa a formar parte de una red de raíces que simboliza comunidad, apoyo mutuo y esperanza compartida.

¿Cómo participar?

Apadrinar un árbol es sencillo: basta con realizar la aportación de 50 euros destinada íntegramente a la plantación y mantenimiento del ejemplar. A cambio, el padrino tendrá un árbol con su nombre en el monasterio y la certeza de estar colaborando activamente para que esta comunidad pueda seguir adelante.

En tiempos inciertos, la campaña “UN ÁRBOL PARA QUEDARSE” se presenta como una invitación a sembrar futuro. Un pequeño gesto que, como toda semilla, puede crecer hasta convertirse en un signo firme de permanencia y solidaridad.

Carta a los obispos católicos

Mi Corazón Inmaculado, ¡triunfará!

A todos los Obispos Católicos esparcidos en Comunión por todo el orbe cristiano: Misericordia y Paz en Cristo Resucitado y Glorioso.

Hoy hace dos años que hicimos un Manifiesto Católico en el que comunicamos de forma solemne a toda la Santa Iglesia de Cristo y a toda la opinión pública, nuestra determinación firme de apartarnos totalmente de la actual jerarquía y de las instituciones eclesiales provenientes de la Nueva Iglesia Conciliar, que desde el 29 de junio de 1963, de un modo gravísimo, ha venido usurpando la Sede de Pedro en Roma, la que era la Verdadera Iglesia de Jesucristo.

Nos han preguntado de diversos lugares cual ha sido realmente nuestra evolución real, dado que se ha ido generando de manera intencionada una confusión y deformación de nuestra imagen pública que interpela a muchos.

Inmediatamente después del Manifiesto del día 13 de mayo, la reacción desde el “arzobispado” de Burgos fue iniciar una lucha mediática desde los medios de prensa a su alcance. Calumnias, medias verdades, burlas, ataques, difamaciones y odio, esa fue la dialogante y ecuménica respuesta desde la Diócesis de Burgos… Ese sólo fue el comienzo de una terrible campaña de desprestigio que al poco tiempo nos llegó desde prácticamente todos los medios de comunicación de España: las exmonjas, la cismáticas, las locas, las esperpénticas, han sido los calificativos más amables que desde la TVE y la prensa han querido meter en la cabeza de los españoles a machamartillo, orquestado ya no sólo por el Comisario Pontificio a la cabeza, sino también por la Conferencia Episcopal que lo ha ido inoculando por las venas intraeclesiales de sus Revistas, Radios y Periódicos Digitales sin tregua. Es claro que era necesario y urgente dirigir pronto la opinión de “los fieles” en contra de las exmonjas de Belorado, antes de que se hicieran preguntas.

Iceta se movió rápidamente para conseguir de Roma su cargo de Comisario con todos los poderes tanto religiosos como civiles para que no quedara nada, ni el rastro, de aquel levantamiento que reiteradamente tachaban de herético.

En cuanto Iceta tuvo en su mano los poderes totales, arrasó con todo, o sea, con todo. Nos quitó por las bravas las cuentas bancarias, el dinero en saldos, las pensiones de las 5 mayores. Se puso como representante legal de nuestras entidades religiosas con el parabien de los que firman, así mismo de nuestras empresas de chocolate con 25 años de recorrido; de nuestro Horno del convento de Orduña, y se quedó con los NIFs, se introdujo en las sedes electrónicas, -o mejor, su apoderado- cambiando los datos y poniendo los suyos… hasta hacerse con las claves digitales de empresa. Un trabajo para el que estaba bien adiestrado, o al menos eso parecía. Le costó poco menos de un mes dejarnos con una mano delante y otra detrás, mientras por medio de sus amigos de la prensa, se deshacía en buenas palabras sobre la paciencia, la misericordia, el diálogo, y lo que aún es más patético usando para ello la Palabra de Dios en su Evangelio. Del todo detestable. Su gente, muy bien adoctrinada, asentían como en el Circo Romano al espectáculo de desmembramiento de la Comunidad Religiosa.

Con aquellos omnímodos poderes, antes de 2 semanas, habían llamado al Tribunal Eclesiástico a las 10 monjas que ellos decidieron que era cismáticas y herejes, y de forma arbitraria y astutamente calculada, dejaron aparte a 5 hermanas de la comunidad, las más mayores. Urdieron la tramade que ellas no habían querido formar parte de esta decisión. Ya ahí empezó a trasmitir a los medios y por ende a la población, la idea torticera de que las 10 más jóvenes, las habíamos engañado, mentido y coaccionado. Mentir es fácil.

Como era evidente, no asistimos a la llamada del Tribunal Eclesiástico, dado que no reconocíamos ni su autoridad si su Código de Derecho Canónico… y sus presupuestos de fe, pues tanto en cuanto no estuvieran adulterados por la larga catequesis postconciliar.

Dicho y hecho, de un plumazo, todas excomulgadas, cismáticas y expulsadas de la vida religiosa. Proceso exprés. Ese día en la Curia de Burgos, se abrieron botellas para celebrarlo. Y nosotras pasamos así a formar parte la larga lista de santos y mártires excomulgados, sancionados y demonizados. En Burgos y cercanías les funcionó bien, cientos de personas dejaron de hablarnos, ayudarnos… si escupieron, no lo sabemos. Se decían amigos y nos dieron la espalda. Ahora a todos se les llenaba la boca con “las exmonjas” y otras lindezas.

Para no perder comba, pues había prisa por rematar el toro, se inició en septiembre, a la vuelta de vacaciones, 4 meses después, la demanda de desahucio del Monasterio de Belorado. La jueza se mostró muy ayudadora a la causa del Comisario, debe ser ferviente de la Iglesia Conciliar. Tan mal lo hizo todo, por tendenciosa, que hasta se le presentó una recusación en firme. Que también, curiosamente, se archivó.

El Restaurante del Chicu, en Asturias, lo abrimos en marzo de 2025 con ánimo de enviar dinero a la Comunidad, ya que estábamos sin poder trabajar en nada remunerado en los conventos, por el impedimento impuesto del Comisario, que nos controlaba y denunciaba tanto en prensa como con burofax, para que no pudiéramos trabajar. Es más, nos envió para ello una inspección de trabajo y nos quitó todas las cotizaciones que habíamos pagado a la Seguridad Social en los últimos 11 meses, justificándolo con que ya no éramos “religiosas de la iglesia católica” y no nos podíamos acoger al R.E.T.A un régimen especial para religiosos. La persecución arreciaba para deshacer la comunidad.

Se recrudeció con objeto de sacar del Monasterio de Belorado a las 5 mayores, monjas ancianas en cuidados de enfermería, entre 88 y 101 años con más de 60 años en el monasterio. Se ve que dejarlas vivir y morir en paz, no estaba en el programa de Iceta. Era claro que para que nos desahuciaran de Belorado convenía que no estuvieran ellas, para no evidenciar así la vulnerabilidad en el proceso judicial. Todo bien estudiado. 9 de las 10 monjas jóvenes fueron declaradas vulnerables por los servicios sociales de Burgos, pero la jueza de Briviesca decidió por su cuenta declarar que no, que no eran vulnerables. Así, sin más. Cada uno que vaya anotando.

La persecución arreció en los Tribunales, y se alargaron los plazos del desahucio con la ardua defensa de nuestros abogados. Aun así, declararon Sentencia de desahucio el 30 de julio de 2025.

La comunidad ya había sufrido algunas bajas, dos hermanas se habían marchado en agosto y octubre del año 2024. Una por miedo al Comisario -según manifestó públicamente-, otra no dijo nada, y se fugó. Ahora bien, lo que habló de Bergoglio y de Iceta, aún se escucha en las paredes,

¡qué odio expresaba desde hacía varios años! Fueron bien idas. Al enemigo puente de plata. Estos vientos cosechan tempestades… en el año 2026.

Ante la sentencia y el inminente lanzamiento de Belorado, y no queriendo que las hermanas enfermas sufrieran al ver cómo se desmantelaba su casa, cómo echaban a sus hermanas cuidadoras con las que estaban día y noche desde hacía tantos años, y eran parte de su alma, la comunidad delibera y determina en Capítulo conventual el traslado de la Comunidad al monasterio de Orduña, propiedad de la Comunidad. Con esta resolución interna, se preveía que quedaran 3 hermanas cuidando a las 5 mayores, de sol a sol, de lunes a domingo, los 30 días del mes.

Se calculaba que con las aportaciones del restaurante, y sobre todo con el dinero proveniente del centro de cría de perros, -abierto para ello en Mestas de Con-, se podrían sufragar las necesidades de la comunidad. Pero, como contrapeso, el agotamiento de la Comunidad separada en tres sedes, era creciente.

Éste monasterio de santa Clara de Orduña, había tenido diversas intervenciones de adecuación en años anteriores (2020-2023), colocando un ascensor para sillas de ruedas; también se había realizado -con ayuda de subvenciones del estado- un proyecto integral de ahorro energético que contemplaba: cambiar las cubiertas de todo el convento, aislando paredes, eliminando goteras, pintando los claustros, cambiando las luminarias a bajo consumo, colocando 72 placas fotovoltaicas para apoyo de la calefacción y agua caliente, haciendo baños geriátricos en alguna celda, arreglando los grifos y calentadores, etc. En fin, haciendo infinidad de mejoras, muy importantes, para dar vida a un monasterio del siglo XIV, construido por los franciscanos de la reforma montoyana en 1569 y posteriormente entregado a las monjas Clarisas en 1610. Allí estuvieron las clarisas hasta que en 2003 se marcharon a Vitoria por inadecuación del edificio y falta de vocaciones. En noviembre de 2020 llegábamos nosotras desde Derio, con todo por hacer. Y, en aquel momento, con gran gozo e ilusión, comenzamos la necesaria reforma.

Cuando se decide el traslado de la Comunidad al convento de Santa Clara de Orduña en 2025, este convento ya reunía condiciones más que suficientes para acoger a todas las hermanas, contando con las necesidades de las más dependientes y delicadas de salud. Esta decisión despierta la ira de la jueza de Briviesca y del Comisario, que envían hasta el País Vasco a agentes de seguridad para registrar el monasterio de Belorado y de Orduña. Ya entonces intentan sacar a las 5 ancianas por la fuerza. Lo intentan ese día 1 de agosto, pero las ancianas interrogadas por la Guardia Civil, dan testimonio claro de que quieren seguir en Orduña. Los efectivos de los cuerpos de seguridad vuelven el 27 de noviembre, con la excusa de custodiar el Patrimonio Histórico propiedad de la comunidad, acusando a dos hermanas de “delitos inexistentes”, según el decir de nuestro abogado, pero lo utilizan como coartada para registrar Belorado y Orduña, llevarse todo lo que encontraron de valor, sin causa alguna para ello, ósea de forma completamente ilegal. Este Patrimonio está ya en poder del Comisario Pontificio, no nos consta que haya llegado a los conventos de las clarisas que acogieron más tarde a las mayores. Llevan ese día detenidas a las dos hermanas acusadas injustamente y las meten al calabozo la noche del 27 al 28 en Burgos.

Sorprendentemente, supimos después que ya llevaban desde la mañana del 27 una orden de interrogar a las ancianas y llevárselas. A las 9 de la noche, interrogan a las mayores, que quedaron aterrorizadas por la aparición de los agentes y las monjas de la Federación de Clarisas de Nuestra Señora de Arantzazu que quisieron colaborar con este delito flagrante.

Estaba también desde la mañana el teniente coronel de la Comandancia Judicial de Burgos, con otro alto cargo de la Guardia Civil de Vizcaya, y ellos llevaron a cabo la dirección de la operación. Determinaron, ya de noche, volver otro día a por las mayores, pero ya amparados en la jurisdicción de un juez de Vizcaya, -ya que las dos veces anteriores lo habían hecho de modo irregular, desde la jurisdicción de Burgos. Así fue, a las 3 semanas volvieron a las 8:00 de la mañana, con más de 40 efectivos, con una jueza de Bilbao a la cabeza, una médico forense, la secretaria del juzgado, y de nuevo los agentes de la Comandancia Judicial de Burgos. Con ellos, venían 5 ambulancias con orden de conducir a las 5 ancianas al Hospital de Basurto. Las ancianas, interrogadas por 3 veces en menos de 5 meses, volvieron a manifestar claramente su voluntad de permanecer en Orduña con la comunidad a la que pertenecían, y esto mantenido, a pesar de la ansiedad, angustia y presión que vivieron por aquella situación tan dura. Se pasó por encima de su voluntad libre y reiteradamente expresada, y se las llevaron a la fuerza, sin contemplaciones, quedando éstas en estado de shock y pánico, ¡pobre monjas ancianas!

El resto de las hermanas de la comunidad quedamos detenidas a todos los efectos dentro de la iglesia del monasterio, hasta que se consumó la operación. Ya no hemos vuelto a ver ni a saber nada de nuestras hermanas queridas, ni ellas de nosotras. Incluso para evitar cualquier posible contacto se nos impuso una orden de alejamiento donde se incluyó a nuestros abogados y a las dos procuradoras. Inaudito. Queda así claramente al descubierto la falsedad de lo que desde las instancias de gobierno de esta terrible Iglesia Conciliar llaman: caridad, compasión, respeto y benevolencia. Ella es la que promovió desde bastidores todo ese entramado inhumano. Dios es Juez de vivos y muertos y dará sentencia justa. Todo ha quedado nítido y claro antes sus ojos y no lo olvidará.

En estado de total desolación y con el corazón desgarrado sin consuelo, tuvimos que resolver cerrar el restaurante que habíamos abierto en Arriondas en diciembre de 2025. Ya no era necesario este esfuerzo, y las hermanas no estaban bien separadas.

La orden de desahucio provisional del Monasterio de Belorado, al fin encontró su fecha definitiva el 12 de marzo de 2026. Unas fechas antes, saltó a la prensa la noticia de que las dos religiosas que habían salido en 2024 estaban “haciendo un camino de catequesis” para que se les levantara la excomunión. Parecía bonito, así dicho, pero había en toda la noticia un tufillo extraño. Como: “¡vaya, qué coincidencia!” Pronto supimos que ambas habían dado falso testimonio contra nosotras, en declaraciones ante la Guardia Civil de la Comandancia de Burgos para acusarnos de múltiples delitos. Más otras declaraciones, también falsas, ante la jueza de Bilbao que llevaba nuestro proceso de instrucción. Se ve que para volver a la “comunión” con la actual Iglesia de Roma, hace falta hacer méritos, como Judas, entregando a sus hermanas a los actuales soldados de Herodes. Sin duda, la historia se repite. Nos preguntamos si se sentirán tranquilas rezando el Kyrye y el Padrenuestro en algún banco en su “misa” dominical. Porque hay que cumplir con el precepto, aunque sea con hipocresía.

Actualmente: sin monjas, sin entidad religiosa, sin bienes, sin dinero, sin empresas, sin NIFs, sin amigos ni benefactores, sin prestigio social, sin conventos (los otros dos ya en proceso de desahucio), y con pleitos y pleitos y pleitos para años, las Monjas Clarisas de Belorado y Orduña mantienen integra y firme, con certeza moral interna, la afirmación consignada y debidamente desarrollada en el Manifiesto Católico dado a conocer día 13 de mayo de hace dos añosii y con segunda versióniii el mismo día del pasado año 2025. Volvemos a afirmar que la Sede de Pedro en Roma está actualmente usurpada y por lo tanto estamos en sede vacante.

Agradecemos a Monseñor Charles Murr que nos comparta su información privilegiada, sobre el Informe que Montini pidió al Cardenal Édouard Gagnon sobre la infiltración de los francmasones en la Curia de Romaiv. En sus libros nos relata cómo tras 12 años de trabajo incansable, el masón Sebastiano Baggio, su eminencia cardenal prefecto al frente de la Congregación para los Obispos desde 1973 a 1984, se empleó en jubilar a los 75 años a los Obispos existentes, propiciando un cambio rápido del episcopado mundial, y con sus nuevos candidatos dar una orientación “no católica” a todas la Diócesis y Nunciaturas del mundo.

Dice la Escritura: “si calláis vosotros, gritarán las piedras”- Lc 19. Se oyen ya nuevas voces en USA, Nueva Escociav, Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, sacerdotes, comunidades religiosas, laicos que están despertando a éste gran engaño… Llegará un día, y a no mucho tardar, que no se pueda ya sofocar con amenazas y excomuniones el clamor de los verdaderos católicos, que están repartidos por todo el mundo.

Pedimos hoy con esta carta, con humildad, a los Obispos Católicos que conservan la verdadera Sucesión Apostólica, que en la medida de sus posibilidades ayuden a nuestra comunidad a encontrar un lugar, un inmueble con finca, donde poder vivir con dignidad nuestra vida claustral, de recogimiento, oración y soledad, laboriosamente, como verdaderas hijas de san Francisco y santa Clara. Es lo que pedimos a la Iglesia de Cristo, sin olvidar su intercesión por nuestra comunidad para que no desfallezca en la prueba.

Estoy velando contigo, fuerza mía,
porque Tú, oh Dios, eres mi alcázar.
Que tu favor se adelante, oh Dios,
y me haga ver la derrota del enemigo.
Salmo 58

Firma: Comunidad de Clarisas de Belorado