Monjas perseguidas a lo largo de la historia

A lo largo de la historia, numerosas religiosas fueron perseguidas, procesadas o castigadas por motivos religiosos o por enfrentarse a las estructuras de poder de su tiempo. Entre los casos más conocidos se encuentra Sor Juana Inés de la Cruz, presionada por las autoridades eclesiásticas para abandonar sus escritos y estudios tras defender el derecho de las mujeres al conocimiento. Marguerite Porete fue juzgada por la Inquisición y condenada a la hoguera en 1310 por las ideas expresadas en El espejo de las almas simples. Benedetta Carlini, monja italiana del siglo XVII, fue investigada por supuestas falsas visiones místicas, fue enviada a la cárcel durante 35 años y recluida durante décadas. Las Carmelitas de Compiègne fueron juzgadas, encarceladas y guillotinadas durante la Revolución Francesa por negarse a renunciar a su vida religiosa, las 16 monjas se enfrentaron al sistema al intentar evitar la supresión de los monasterios.

Más recientemente, en 2009, el caso de sor Clara Moya, antigua abadesa del convento de Santa Cruz de Córdoba, generó una notable controversia. Fue apartada de su cargo y expulsada del convento tras una serie de acusaciones relacionadas con la gestión del patrimonio conventual, acusaciones que siempre negó. Quienes respaldan su versión sostienen que fue víctima de una persecución interna derivada de conflictos con la jerarquía eclesiástica y de disputas sobre el control del convento.

Ya en el siglo XXI, encontramos el caso de las monjas de Belorado , estas religiosas consideran que ellas mismas están siendo objeto de una situación similar. Las hermanas viven una presión sin límites, en una situación sin precedentes en las que monjas con un proyecto de fe y vida podrían ser injustamente encarceladas.

El velo de la apariencia

El arzobispo de Burgos desahucia a las monjas de Belorado. Este es el titular que repiten los periódicos. Aunque, el promotor reconoce que la batalla será larga y tardará varios años en conseguir su objetivo. Mientras no tengamos conocimiento de la demanda (¿por qué no la hace pública?) sólo caben especulaciones acerca de su fundamentación y de su viabilidad.

El mismo día 16 de septiembre emite la archidiócesis una breve nota de prensa en la que da cuenta del hecho. Para percatarse de todo lo que dice y de lo que no dice, que es mucho, hay que leer entre líneas. Reconoce que la abadesa difundió un documento “en nombre de la comunidad, en el que manifestaba su libre voluntad de abandonar la Iglesia católica”. Se desprende de aquí que quien se fue de la Iglesia es la comunidad monástica.

Así es en efecto, porque en aquel momento la abadesa ostentaba la representación legal de la entidad de acuerdo con sus estatutos y ejecutaba un acuerdo unánime del capítulo conventual. La “libre voluntad de abandonar la Iglesia católica” es un derecho fundamental reconocido por el artículo 16.1 de la Constitución a los individuos y a las comunidades. Su efecto consiste en romper el vínculo de dependencia que unía hasta ese momento a la entidad monástica hija con la confesión religiosa madre. Producida esta ruptura en el ejercicio de un derecho constitucional ¿cómo puede el arzobispo (católico) gobernar una entidad no católica? Esta es la pregunta que espera respuesta.

Es cierto que la misma libertad que tiene la comunidad para separarse de la Iglesia la tiene el arzobispo para excomulgar a quien desee. Sigue diciendo la nota que, declarada la excomunión, “como consecuencia, a partir de ese momento, dichas exreligiosas carecen de título legal para habitar los inmuebles pertenecientes a los monasterios que ocupaban”. Para su autor, la excomunión no es un acto meramente religioso o interno de la Iglesia, sino que produce efectos legales, hasta el punto de privar a casi todas las monjas que forman la comunidad de los derechos que esta, la comunidad, ostenta de acuerdo con las leyes españolas. Y además pretende que este efecto sea declarado por un juez e impuesto con su autoridad contra la voluntad de sus legítimas moradoras, que integran la entidad propietaria y poseedora del monasterio por lo menos desde el siglo XIV. Ello sólo es posible dentro de un Estado confesional, como era España antes de la entrada en vigor de la Constitución. Si pretende desahuciar a quienes ejercen un derecho legítimo, ¿qué título le habilita a él para pedir la intervención de la justicia? Nada dice la nota. Circula la falsa creencia de que las partes en conflicto discuten, o discutirán, sobre la propiedad. No es así. Sabemos por otros comunicados que el arzobispo reconoce la personalidad jurídica del monasterio y que este (no la Iglesia católica ni la archidiócesis de Burgos ni la orden de Santa Clara) es el único propietario del edificio y de los demás bienes que componen su patrimonio.

Otras veces se ha referido a ellos diciendo que son bienes eclesiásticos o de titularidad eclesiástica, expresiones poéticas o metafóricas que en el ámbito del Derecho español no significan nada. Es como hablar de bienes familiares. No hay tales bienes, porque la familia no tiene personalidad jurídica y, por tanto, no puede ser dueña de nada. ¿Cómo se atreve entonces el arzobispo a entrometerse en una propiedad ajena? No es la primera vez que ocurre. Varias diócesis han inmatriculado a su nombre en el registro de la propiedad bienes que pertenecen a comunidades monásticas, como el monasterio jerónimo de Santa Isabel en Mallorca, que el obispo sigue reivindicando ante el Tribunal Supremo después de dos sentencias adversas. El arzobispo se cree administrador y representante del monasterio. La nota guarda silencio sobre su condición de comisario pontificio nombrado por la Santa Sede, que en otras ocasiones ha invocado, a pesar de que es inoperante en un Estado no confesional respecto de una comunidad que, en el momento del nombramiento (23 de mayo), ya no pertenecía a la Iglesia católica (desde el 8 de mayo). Alude también la nota a la negativa del Ministerio del Interior a inscribir, por el momento (está pendiente de recurso), las asociaciones resultantes de la transformación de los monasterios, “algo que es jurídicamente inviable”. Ya se verá si es tan inviable.

En cualquier caso, sin inscripción la asociación se constituye, adquiere su personalidad jurídica, sus órganos estatutarios funcionan con toda normalidad y su presidente y junta directiva ejercen todos los poderes de administración y representación que les son propios. Dice el artículo 22.3 de la Constitución que “las asociaciones constituidas al amparo de este artículo deberán inscribirse en un registro a los solos efectos de publicidad”. Y, por si hubiera alguna duda, el ministerio carece de competencia para juzgar sobre la validez y eficacia de la transformación, que habrá de discutirse en su caso ante los tribunales. A todos nos gustaría saber más de las razones que asisten al arzobispo para emprender una guerra sin cuartel contra quienes no pueden hacerle ningún daño, que han sido durante mucho tiempo sus hermanas en la fe y que, como cualquier hombre libre, quieren dejarse llevar por los dictados de su conciencia y merecer el respeto de sus congéneres. Si quisieran, él o sus abogados, debatir en público… (o en privado).

El desahucio de Belorado / Florentino Aláez Serrano

Siempre estamos en búsqueda, porque mientras vivimos, buscamos

Entre los muros de un monasterio centenario, Sor Israel ha encontrado una forma de vida que, lejos de estar desconectada del presente, mantiene un diálogo constante con las inquietudes de las nuevas generaciones. Su historia habla de una búsqueda personal, pero también de una Iglesia que busca nuevas formas de acompañar y transmitir la fe. Para ella, la vocación no consiste en alejarse del mundo, sino en vivir desde la oración, la comunidad y el testimonio, incluso aprovechando herramientas tan contemporáneas como las redes sociales.

Para Sor Israel, la vocación religiosa está ligada a una búsqueda interior que también reconoce en las nuevas generaciones.

«Siempre estamos en búsqueda, porque mientras vivimos, buscamos», explica. Para ella, esa búsqueda encuentra su respuesta en Jesucristo y puede ser acompañada desde distintas realidades de la Iglesia.

Considera especialmente importante el testimonio personal. «En mi opinión, el lenguaje más elocuente para los jóvenes de hoy es el testimonio de vida», señala. «Al joven no le valen teorías, conceptos, ideas o lejanos ideales, sino experiencias reales, vivencias concretas que estén a la altura de sus anhelos más profundos».

Su propia historia representa esa idea. Una monjas que decidió apostar por una existencia marcada por la oración, la comunidad y la entrega a Dios.

«Una vida plena, dichosa, entregada a Dios, contagia, interpela y nunca deja indiferente», afirma.

Vivir con los demás

Su manera de entender la vida religiosa tampoco pasa por encerrarse en sí misma. Para Sor Israel, la misión de una monja consiste también en acompañar.

«Se trata de vivir con, abrazar y acompañar, más que predicar», sostiene. Una idea que relaciona con las palabras de San Francisco: «Predicad siempre, y cuando sea necesario usad también las palabras».

Esa concepción explica también su relación con las nuevas tecnologías. Durante la pandemia, las hermanas comenzaron a retransmitir las celebraciones a través de Instagram. El confinamiento abrió así una ventana hacia el exterior.

Las religiosas mayores, que estuvieron «confinadas dentro del propio confinamiento», pudieron participar de otra manera en esa experiencia. Las redes sociales permitieron que las celebraciones llegaran a personas que no podían acercarse al monasterio.

Para una comunidad contemplativa, aquel paso supuso una nueva forma de comunicación. Sor Israel representa esa confluencia entre dos mundos aparentemente opuestos: la tradición centenaria del monasterio y las herramientas tecnológicas de una sociedad conectada.

Preparar las misas diarias, participar en la oración comunitaria y compartir la vida con sus hermanas forman parte del día a día de Sor Israel.

En la iglesia señala también las capillas laterales, los retablos y las imágenes religiosas, entre ellas la Adoración de los Santos Reyes y San Antonio de Padua. También recuerda la conocida talla de la Virgen de Bretonera, cuya aparición en el torno del monasterio, después de que las hermanas abandonaran el recinto, despertó especial interés.

Pero más allá del patrimonio y de las historias del monasterio, el centro de su vida sigue siendo la vocación.

La figura de Sor Israel rompe algunos de los estereotipos asociados a la vida religiosa. Su juventud, su formación en ciberseguridad y su presencia en redes sociales muestran que la vocación contemplativa también puede formar parte de la vida de las nuevas generaciones.

Ella entiende que las personas de su edad continúan haciéndose preguntas fundamentales, aunque vivan en un contexto diferente al de otras épocas. Por eso insiste en la importancia del testimonio: no pretende convencer mediante grandes discursos, sino mostrar con su propia existencia una opción vital que considera plena.

Su historia es la de una mujer joven que decidió cambiar las pantallas y los códigos de la ciberseguridad por los tiempos de la oración, la comunidad y el silencio. Una elección que no interpreta como una huida del mundo, sino como otra manera de relacionarse con él.

Desde el coro de la iglesia de Santa Clara, detrás de una reja que separa el espacio de las religiosas del resto del templo, Sor Israel continúa viviendo su vocación. Y desde allí, entre la tradición de un monasterio centenario y las posibilidades de las nuevas tecnologías, trata de transmitir aquello que considera esencial: que detrás de las preguntas de cada generación permanece siempre una búsqueda.

#noalacárcelparalasmonjas

Las monjas de Belorado viven uno de los momentos más difíciles de su historia. Tras perder su convento, se enfrentan ahora a una petición de doce años de prisión en el marco de un conflicto que ha traspasado los límites de lo ético y lo humano.

Siete monjas carismáticas, creativas y entregadas a su fe iniciaron un acto de rebeldía y, después de dedicar toda su vida a la oración y al silencio, podrían acabar entre los muros de una prisión. Las monjas de Belorado defienden con firmeza su inocencia y sostienen que no cometieron los hechos que se les atribuyen.

Para ellas, este proceso va más allá de lo jurídico. Consideran que se pretende desmantelar definitivamente su comunidad y castigar su decisión de actuar conforme a su conciencia. No piden privilegios, sino ser juzgadas con imparcialidad, que se escuchen todas las versiones y que la opinión pública no dicte una condena antes que lo hagan los tribunales.

Por ello, iniciamos esta recogida de firmas para pedir que la Justicia examine este caso con proporcionalidad, que las monjas reciban un trato justo y que la opinión pública apoye el respeto a la presunción de inocencia, evitando que sean condenadas socialmente antes de que exista una resolución judicial firme. La firma es totalmente gratuita.

https://www.change.org/p/no-a-la-c%C3%A1rcel-para-las-monjas-de-belorado

Las religiosas expresan su desacuerdo por la apertura de un juicio oral

Ante las informaciones relativas al procedimiento judicial que nos afecta y conforme a la información trasladada por nuestra representación legal, la Fiscalía y la acusación particular han solicitado una pena de doce años de prisión para cada una de las monjas de Belorado. Ante esta petición, queremos expresar públicamente nuestro desacuerdo:

Asimismo, queremos reiterar que seguimos considerándonos plenamente inocentes de las graves acusaciones que se nos atribuyen en relación con nuestras queridas hermanas mayores. Afrontamos este procedimiento con la serenidad de quien sabe que no ha cometido los hechos que se le imputan y con la esperanza de que la verdad pueda quedar plenamente acreditada.

Lejos de encontrar comprensión, sentimos que la presión sobre nuestra comunidad no ha dejado de aumentar, asemejándose más bien a una caza de brujas como en la antigua inquisición. Vivimos este proceso con enorme tristeza y con la convicción de que se pretende quebrar nuestra comunidad y destruir nuestro proyecto de vida. Sin embargo, queremos dejar claro que no renunciaremos a aquello en lo que creemos. Seguiremos adelante con la misma determinación que nos ha acompañado hasta ahora.

Algunos nos consideran monjas rebeldes. Nosotras preferimos definirnos como mujeres de fe, conscientes de nuestras decisiones y dispuestas a asumir las consecuencias de actuar conforme a nuestra conciencia. Nuestra fortaleza nace de la fe, de la oración y de la esperanza.

Desde nuestra perspectiva, todo lo que estamos viviendo supone una persecución y un castigo por haber desafiado a la autoridad eclesiástica y haber seguido el camino que, en conciencia, entendimos que debíamos recorrer. Esa es nuestra vivencia y así queremos expresarla públicamente.

A pesar del sufrimiento, no responderemos con odio ni con resentimiento. Continuaremos defendiendo nuestra dignidad, nuestra libertad de conciencia y nuestra vocación, confiando en que la verdad prevalecerá.

Pedimos respeto para nuestra comunidad, para nuestra libertad de conciencia y para el derecho de la sociedad a conocer todas las circunstancias de este caso antes de emitir un juicio definitivo.

Firmado: Monjas Clarisas de Belorado

Entrevista a Sor Belén: «Solo Cristo saciaba mi sed de infinito»

Sor Belén es una de las hermanas del monasterio y la encargada de poner música al silencio que habita entre sus muros. Gallega, tranquila, amable y discreta, encontró en la vida contemplativa el lugar desde el que seguir entregando su vocación musical: antes de ingresar en el convento estudió Magisterio Musical y hoy hace hablar al órgano conventual, llenando la iglesia de melodías serenas que acompañan la liturgia y la oración de sus hermanas. En ella conviven el talento artístico y una profunda vida de fe, una serenidad que se percibe desde el primer encuentro y que revela a una mujer que ha encontrado en Cristo el centro de su existencia

Desde muy pequeña pude reconocer la presencia de Dios en mí. Así fueron pasando los años y poco a poco descubrí que sólo Cristo saciaba mi sed de infinito, de un amor que no acaba.

¿Fue esa certeza la que la llevó a ingresar en la vida contemplativa?

Sí. Entré en el monasterio para seguirle a Él junto con mis hermanas, como clarisa, descubrir su voluntad para nosotras y seguirla como un solo cuerpo.

Lleva muchos años viviendo en clausura. ¿Cómo ha sido ese camino?

Desde el 12 de septiembre de 1999 he vivido en clausura, en el monasterio. Ha sido una vida de oración y trabajo junto con mis hermanas. Siempre han sido luz, ejemplo y apoyo para mí. Muchas veces me ayudaron a seguir a Cristo como yo buscaba hacerlo al abrazar esta vida.

Sin embargo, en un momento determinado comenzaron a surgir dudas.

Sí. Ya desde la pandemia empecé a ver cosas en la Iglesia que me parecían extrañas, que no cuadraban con la fe que había profesado.

¿Qué hechos despertaron esa inquietud?

Por ejemplo, que las iglesias estuvieran cerradas y la gente no tuviera acceso a los sacramentos. Pensaba en tantos santos que murieron por contagiarse durante epidemias porque permanecían acompañando a todos. Siempre eran los últimos en abandonar.

¿Aquello fue el inicio de un cuestionamiento más profundo?

Sí. La inquietud fue creciendo cuando oía decir que Cristo no resucitó verdaderamente, sino que la resurrección fue una experiencia espiritual de los apóstoles. O que todos los caminos llevan a Dios, que da igual ser musulmán, católico o budista.

¿Cómo reaccionó ante esas afirmaciones?

Para mí la respuesta era clara. No. Cristo dijo que Él es la Verdad, el Camino y la Vida.

¿Qué se preguntaba entonces?

Era una pregunta muy sencilla, pero cada vez más urgente: «¿Qué está pasando?»

Usted sitúa un momento decisivo en el año 2024.

Así es. Tuvimos la oportunidad de confrontar la doctrina católica de siglos con lo que ahora ocurría bajo la doctrina del Concilio Vaticano II.

¿Qué descubrió en esa confrontación?

Me di cuenta de que, en realidad, estaba viviendo en la herejía, en una gran mentira. Verlo escrito fue una evidencia para mí. Ya no podía negarlo. Sin ninguna duda, ese fue el punto de inflexión.

¿Cómo vivieron ese proceso las demás hermanas?

Gracias a Dios, esa es mi gran alegría. Todas estamos de acuerdo en esto. Cada una, siguiendo su camino, fue llegando a la misma conclusión, y eso nos permite seguir adelante.

Hoy se encuentra inmersa en un proceso penal. ¿Cómo interpreta esa situación?

Tengo la certeza de que ahora me veo acusada de múltiples delitos y envuelta en un proceso penal que conlleva cárcel y ruina económica.

¿A qué atribuye esa situación?

Nada más que por seguir a mi conciencia. Mi conciencia me dice que ésta es la fe que ha creído siempre la Iglesia Católica y que así cumplo con fidelidad lo que un día prometí.

Después de todo lo vivido, ¿qué permanece inalterable en usted?

La certeza de seguir a Cristo y de permanecer fiel a la fe que he creído y prometido vivir.

Sor Berit: «Cuando una persona dice la verdad, trasciende»

Roser Mas Selles

Entrevista a Sor Berit, una de las monjas clarisas de Belorado

Sor Berit, una de las religiosas clarisas de Belorado, habla en esta entrevista sobre la decisión de las monjas de hacer pública su postura y sobre las reacciones que su posición ha generado dentro y fuera de su entorno. Con un discurso firme, defiende que dar un paso al frente y decir lo que consideran la verdad no debe interpretarse como un escándalo, sino como un acto de coherencia con sus convicciones. Sor Berit asegura que, pese a las personas que se han alejado de ellas, también han recibido muestras de apoyo procedentes de distintos países y afirma que su testimonio se ha convertido en un referente para quienes comparten sus inquietudes. «Cuando una persona dice la verdad, trasciende», sostiene la religiosa.

—Sor Berit, ¿cómo están viviendo las monjas de Belorado todo lo ocurrido y las reacciones que ha provocado su postura?

—Nosotras lo estamos viviendo desde la convicción de que hemos hecho lo que teníamos que hacer. No creemos que sea ningún escándalo que hayamos dicho la verdad. Al contrario, pensamos que era necesario dar un paso al frente y explicar aquello en lo que creemos. Cuando una persona dice la verdad, esa verdad trasciende y llega mucho más lejos de lo que uno puede imaginar.

—¿Han sentido que les ha faltado voz dentro de la Iglesia?

—Creemos que, si los obispos no hablan, tendrán que hablar los fieles. No podemos quedarnos calladas cuando consideramos que hay cuestiones importantes que deben ser conocidas y debatidas. Nuestro propósito no ha sido generar un escándalo, sino expresar públicamente nuestras convicciones y defender aquello que consideramos verdadero.

—Su postura también ha generado apoyos fuera de su entorno más cercano. ¿Cómo están viviendo esas muestras de solidaridad?

—Sí, y es algo que nos ha sorprendido y que agradecemos muchísimo. Nos están llamando de distintos países del mundo para darnos ánimos. Recibimos mensajes de personas que ni siquiera conocemos y que quieren transmitirnos su apoyo. Eso nos demuestra que lo que estamos viviendo aquí no se queda únicamente en Belorado, sino que ha llegado a muchas personas.

—¿Ha cambiado su entorno desde que decidieron dar este paso?

—Ha habido de todo. Es verdad que muchas personas de nuestro entorno se han retirado y han tomado distancia, pero también hemos visto cómo otras se han aproximado. Hay personas que se han acercado precisamente porque valoran que hayamos dado la cara y hayamos hablado con claridad. Para las monjas eso tiene mucho significado.

—¿Sienten entonces que cuentan con un respaldo importante?

—Sí. Hay mucha gente en distintas partes del mundo que nos apoya. Nos llegan muestras de cariño y de solidaridad constantemente, y eso nos da fuerza para continuar. Nosotras publicamos un manifiesto católico porque sentíamos que teníamos que expresar aquello que llevábamos dentro y dejar constancia de nuestra posición.

—¿Qué significado tiene para ustedes comprobar que ese manifiesto ha tenido repercusión?

—Significa que muchas personas estaban esperando que alguien hablara. Hoy hay mucha gente que nos agradece haber dado la cara. Quizá una persona piense que su voz no va a llegar a ninguna parte, pero cuando habla desde la verdad, el mensaje puede alcanzar a muchísima gente.

—¿Cómo definiría el papel que están desempeñando ahora las monjas de Belorado?

—Las religiosas no buscamos protagonismo. Simplemente hemos intentado ser fieles a lo que pensamos y a aquello en lo que creemos. Pero, si nuestra actitud está sirviendo para que otras personas reflexionen o encuentren una luz en medio de esta situación, lo agradecemos profundamente. De alguna manera, sentimos que nos hemos convertido en un faro para muchas personas.

—¿Y qué les diría a quienes siguen apoyándolas desde otros lugares?

—Que estamos muy agradecidas. Sentir que hay personas que nos acompañan, que rezan por nosotras y que nos animan desde tantos lugares del mundo es algo que no olvidamos. Nos demuestra que, cuando uno decide decir la verdad y dar la cara, esa decisión puede trascender mucho más allá de lo que inicialmente imaginaba.

25 años de un sueño cumplido: la aventura de entregarse a Dios

Éste próximo día 10 de agosto tendré la dicha de cumplir 25 años de entrada en el monasterio. Años maravillosos de bendición que han conformado mi vida, mis ilusiones, y que han consolidado mi fe, mi esperanza, mi amor, mi ser mujer. Que han acrisolado mi unión con Cristo, mi relación esponsal.

Aquella niña que se sentía llamada a pertenecer por completo a Dios, que se pegaba como por inercia a todo lo que le evocara a su Dios, que buscaba desde lo más profundo algo que no terminaba de encontrar en la vida que cada día se le ofrecía, no comprendía, hasta que… Leyó la vida de san Francisco y Santa Clara y quedó totalmente cautivada. ¡Existe! Pensaba. ¡Lo que desea mi corazón existe!. Y lo tengo al alcance de mi mano con tal de que diga que sí y me entregue. Pero ¿Dónde? Cómo saber

“Lo que desea mi corazón existe!. Y lo tengo al alcance de mi mano con tal de que diga que sí y me entregue“

Pasaba el tiempo, metida en la parroquia con toda la ilusión y la sed de una joven que ya había hecho una opción de vida y que sólo le quedaba esperar a que sucediera. Mientras tanto, crecer en madurez, en fe, en conocimientos… Supe que había llegado el momento cuando conocí a mis Hermanas de Belorado. Un monasterio recién impulsado por la venida de M. Pureza, sor Getsemaní y sor Isabel. Un monasterio que había estado 40 años sin recibir vocaciones, y que las ayudas puntuales que en alguna ocasión ofrecieron las hermanas de la federación habían sido infructuosas. ¡Había tanto que hacer allí!. Asustaba. ¿Quién estaba dispuesto a “complicarse la vida” tanto, como para ofrecer semejante ayuda? Pero estas tres hermanas consiguieron hacer de mediación en el salto cultural y generacional entre aquellas 9 hermanas mayores y unas jóvenes que comenzaron a pedir entrar. Con sus propias manos, siendo ellas mismas albañiles al principio, comenzaron su obra. Obra que Dios bendijo de mil maneras. ¡40 años! Y la M. Trinidad había comprado los baños del noviciado, esperando con la fe que ella tenía las vocaciones que no venían.

Yo había empezado matemáticas cuando conocí a las hermanas, llevaba 4 años. Pero la verdad es que no me salían las cuentas. Ya había encontrado mi sitio. ¿Para qué esperar?. Si en clase veía todos los días cómo continuamente “x tiende a infinito”, ¿por qué yo no? Mi Dios infinito me atraía enormemente. Sus promesas eran mi deseo más profundo

Lc 12, 22-34

22 Y dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: No os inquietéis por la vida, qué vais a comer; ni por el cuerpo, con qué os vais a vestir,

23 pues la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido.

24 Fijaos en los cuervos: ni siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta; ¡cuánto más valéis vosotros que los pájaros!

25 ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

26 Por tanto, si no podéis lo más pequeño, ¿por qué inquietaros por lo demás?

27 Fijaos cómo crecen los lirios, no se fatigan ni hilan; pues os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos.

28 Pues si Dios viste así a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!

29 Y vosotros no andéis buscando qué vais a comer o qué vais a beber, ni estéis preocupados.

30 La gente del mundo se afana por todas esas cosas, pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ellas.

31 Buscad más bien su reino, y lo demás se os dará por añadidura.

32 No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

33 Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.

34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Así que, con ilusión, y con el vértigo que da el tomar una decisión tan grave fui a hacer una experiencia con ellas, como tienen costumbre, e hice la vida de ellas durante 21 días. Desde el principio me sentí como en casa, serena, con una paz muy grande, y se creó un fuerte vínculo con ellas y con aquella casa tan querida. Cuando salí de allí tanto ellas como yo y mi director espiritual habíamos visto claro el ingreso. Y ese día no tardó. Pasadas 5 semanas, el día 10 de agosto del 2001, víspera de la Solemnidad de Nuestra Madre Santa Clara inicié por la misericordia de Dios esta forma de vida por la cual doy gracias a Dios como nos enseñó de palabra y con su vida nuestra Madre Santa Clara:

“Desde el principio me sentí como en casa, serena, con una paz muy grande“

“Entre otros beneficios que hemos recibido y seguimos recibiendo de nuestro espléndido Benefactor, el Padre de las misericordias, y por los cuales estamos más obligadas a rendir gracias al mismo glorioso Padre de Cristo, se encuentra el de nuestra vocación; y cuanto más perfecta y mayor es ésta, tanto más es lo que a Él le debemos”. (Testamento de santa Clara, 1-4)

Tiempos de prueba y dificultades

Las Monjas de Belorado desean informar a los fieles, amigos y a todas las personas que siguen con interés su realidad de que, durante este mes de agosto, continúan desarrollando con normalidad su vida de oración, celebración litúrgica y trabajo cotidiano.

La celebración de la Santa Misa, el rezo de la Liturgia de las Horas y los demás actos propios de la vocación contemplativa constituyen el centro de su vida y la fuente de su fortaleza espiritual.

Los últimos meses han supuesto para la comunidad un tiempo de especial prueba. Las religiosas viven una situación de profundo sufrimiento debido a la presión derivada de los numerosos procedimientos judiciales en curso y de las graves consecuencias personales que estos pueden acarrear, incluida una eventual privación de libertad. Esta realidad ha generado una importante carga emocional y espiritual para toda la comunidad, que continúa afrontándola con serenidad, oración y fortaleza.

A pesar de estas dificultades y de la atención pública suscitada en torno a la comunidad, las religiosas permanecen firmes en su conciencia, convencidas de la rectitud de su fe y de la autenticidad del camino que han decidido recorrer. Esta convicción nace de una profunda reflexión, realizada en la oración y asumida con plena responsabilidad ante Dios.

Su propósito sigue siendo vivir con fidelidad a Dios, preservando la paz, la caridad y el espíritu de servicio que siempre han caracterizado la vida monástica.

La comunidad continúa encomendando en sus oraciones a la Santa Iglesia Católica, así como a todas las personas que la acompañan con su cercanía y a quienes, desde posiciones diferentes, la observan o la interpelan

Las monjas agradecen las numerosas muestras de afecto, apoyo y respeto que siguen recibiendo de personas de distintos lugares y países. Afrontan este tiempo con esperanza y confianza en la Providencia de Dios, reafirmando su compromiso de perseverar en la celebración de la liturgia y en la vivencia plena de su vocación. Ninguna dificultad, por dolorosa que sea, las apartará de su misión de oración ni de la fidelidad a los principios que profesan en conciencia.

Campaña de recogida de firmas, Salvemos a las Monjas

La opinión pública se ha volcado con las monjas del convento de Belorado. Cada vez son más quienes muestran su apoyo y solidaridad, conscientes de la injusticia que enfrentan. Con esta recogida de firmas, las religiosas demostrarán que no están solas: la sociedad está a su lado, respaldando siglos de fe, dedicación y servicio comunitario.

Un ejemplo de audacia y resiliencia

Las monjas del convento de Belorado se enfrentan a un desahucio que amenaza su hogar. Estas religiosas, dedicadas a la oración y vida comunitaria, han servido con amor y entrega durante casi 700 años. Hoy, podrían perder el lugar donde han vivido y trabajado durante generaciones.

El convento de Belorado no es solo un edificio: es un símbolo de fe, tradición y servicio. Sus muros han acogido a innumerables religiosas que han dedicado su vida a la espiritualidad y a ayudar a los demás.

¿Podemos permitir que sean despojadas de su hogar? Es fundamental que se respeten sus derechos y que se encuentre una solución justa que les permita seguir viviendo en el convento que han cuidado con tanto esfuerzo.

Cada firma cuenta. Súmate a esta petición y ayuda a que las monjas de Belorado puedan permanecer en su convento. No dejemos que la historia, la fe y la dedicación sean ignoradas.

Firma y comparte esta iniciativa. ¡Juntas y juntos podemos marcar la diferencia!

La campaña, impulsada por Francisco Canals, periodista y jefe de prensa de las monjas, se extenderá durante seis meses. En sus primeras 48 horas ya ha conseguido 400 firmas, y se espera que siga creciendo gracias a la colaboración de los medios y la difusión en distintas plataformas a través de Change.org

https://c.org/hhztsGJwsr