25 años de un sueño cumplido: la aventura de entregarse a Dios

Éste próximo día 10 de agosto tendré la dicha de cumplir 25 años de entrada en el monasterio. Años maravillosos de bendición que han conformado mi vida, mis ilusiones, y que han consolidado mi fe, mi esperanza, mi amor, mi ser mujer. Que han acrisolado mi unión con Cristo, mi relación esponsal.

Aquella niña que se sentía llamada a pertenecer por completo a Dios, que se pegaba como por inercia a todo lo que le evocara a su Dios, que buscaba desde lo más profundo algo que no terminaba de encontrar en la vida que cada día se le ofrecía, no comprendía, hasta que… Leyó la vida de san Francisco y Santa Clara y quedó totalmente cautivada. ¡Existe! Pensaba. ¡Lo que desea mi corazón existe!. Y lo tengo al alcance de mi mano con tal de que diga que sí y me entregue. Pero ¿Dónde? Cómo saber

Lo que desea mi corazón existe!. Y lo tengo al alcance de mi mano con tal de que diga que sí y me entregue

Pasaba el tiempo, metida en la parroquia con toda la ilusión y la sed de una joven que ya había hecho una opción de vida y que sólo le quedaba esperar a que sucediera. Mientras tanto, crecer en madurez, en fe, en conocimientos… Supe que había llegado el momento cuando conocí a mis Hermanas de Belorado. Un monasterio recién impulsado por la venida de M. Pureza, sor Getsemaní y sor Isabel. Un monasterio que había estado 40 años sin recibir vocaciones, y que las ayudas puntuales que en alguna ocasión ofrecieron las hermanas de la federación habían sido infructuosas. ¡Había tanto que hacer allí!. Asustaba. ¿Quién estaba dispuesto a “complicarse la vida” tanto, como para ofrecer semejante ayuda? Pero estas tres hermanas consiguieron hacer de mediación en el salto cultural y generacional entre aquellas 9 hermanas mayores y unas jóvenes que comenzaron a pedir entrar. Con sus propias manos, siendo ellas mismas albañiles al principio, comenzaron su obra. Obra que Dios bendijo de mil maneras. ¡40 años! Y la M. Trinidad había comprado los baños del noviciado, esperando con la fe que ella tenía las vocaciones que no venían.

Yo había empezado matemáticas cuando conocí a las hermanas, llevaba 4 años. Pero la verdad es que no me salían las cuentas. Ya había encontrado mi sitio. ¿Para qué esperar?. Si en clase veía todos los días cómo continuamente “x tiende a infinito”, ¿por qué yo no? Mi Dios infinito me atraía enormemente. Sus promesas eran mi deseo más profundo

Lc 12, 22-34

22 Y dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: No os inquietéis por la vida, qué vais a comer; ni por el cuerpo, con qué os vais a vestir,

23 pues la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido.

24 Fijaos en los cuervos: ni siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta; ¡cuánto más valéis vosotros que los pájaros!

25 ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

26 Por tanto, si no podéis lo más pequeño, ¿por qué inquietaros por lo demás?

27 Fijaos cómo crecen los lirios, no se fatigan ni hilan; pues os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos.

28 Pues si Dios viste así a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!

29 Y vosotros no andéis buscando qué vais a comer o qué vais a beber, ni estéis preocupados.

30 La gente del mundo se afana por todas esas cosas, pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ellas.

31 Buscad más bien su reino, y lo demás se os dará por añadidura.

32 No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

33 Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.

34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Así que, con ilusión, y con el vértigo que da el tomar una decisión tan grave fui a hacer una experiencia con ellas, como tienen costumbre, e hice la vida de ellas durante 21 días. Desde el principio me sentí como en casa, serena, con una paz muy grande, y se creó un fuerte vínculo con ellas y con aquella casa tan querida. Cuando salí de allí tanto ellas como yo y mi director espiritual habíamos visto claro el ingreso. Y ese día no tardó. Pasadas 5 semanas, el día 10 de agosto del 2001, víspera de la Solemnidad de Nuestra Madre Santa Clara inicié por la misericordia de Dios esta forma de vida por la cual doy gracias a Dios como nos enseñó de palabra y con su vida nuestra Madre Santa Clara:

Desde el principio me sentí como en casa, serena, con una paz muy grande

“Entre otros beneficios que hemos recibido y seguimos recibiendo de nuestro espléndido Benefactor, el Padre de las misericordias, y por los cuales estamos más obligadas a rendir gracias al mismo glorioso Padre de Cristo, se encuentra el de nuestra vocación; y cuanto más perfecta y mayor es ésta, tanto más es lo que a Él le debemos”. (Testamento de santa Clara, 1-4)